DESAHOGANDOSE CON UNA SEÑORITA DE COMPAÑIA


Marco estaba triste, su equipo de béisbol había perdido el partido y estaba de vuelta a Nueva York en avión, cuando de buenas a primeras se le ocurrió una buena idea para levantar el ánimo, pasar una noche loca de sexo en el hotel con una de sus actrices porno favoritas, Amy Brooke. Para ello debió desembolsar unos cuantos dólares, pero valió la pena. Allí estaba ella, tan guapa cómo en las películas porno y dispuesta a satisfacer a su cliente. Marco se entregó a tope, no solo por su beneficio personal, si no por agradar a la chica y estar a la altura de las circunstancias. Sin duda contratar a una pornostar es una experiencia difícil de olvidar.

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